En el día de San Patricio, patrono de Irlanda, más conocido por los excesos etílicos de quienes, quizás sin saberlo, conmemoran su muerte; Gabriela Puente hace un recorrido por los ritos paganos que se celebraban por estas fechas. ¿Podrá la pandemia impedir el retorno de excesos dionisiacos?
El nombre de San Patricio es recordado en estas fechas por su vínculo con el producto de la destilación de la cebada. Y es automáticamente asociado, en la psiquis popular, con pobladas muchedumbres de jóvenes ostentando algún accesorio verde y bebiendo, como no podría ser de otra manera, cantidades ingentes de cerveza.
Sin embargo, esta escena de desmesura controlada y quizás algo edulcorada es sólo el extremo de un iceberg que se sumerge en un océano mitológico antiguo.
La capa más próxima del mito, la cristiana, nos cuenta que Patricio nace en el siglo IV de nuestra Era, en la antigua Escocia. Entre sus hazañas más destacadas podemos enumerar el haber sobrevivido a secuestros orquestados por piratas, haber convertido a la fe cristiana a los irlandeses, por ese entonces adeptos a creencias celtas , y haber expulsado cuasi mitológicamente a las serpientes de la isla del norte, lo cual tradicionalmente es interpretado como un símbolo de su triunfo sobre el paganismo.
Si algo supo agenciar con efectividad el catolicismo fue instaurar el supuesto nacimiento de algún santo patrono en la fecha de alguna importante festividad pagana.
Tal fue el caso de Patricio, cuya figura se erige victoriosa sobre la sombra de los festejos antiguos en honor a dioses más irreverentes.
El mes de marzo fue considerado entre los romanos como el mes de la Magna Mater, consagrado a la diosa madre. Populoso en días nefasti[1], el mes de la primavera era para los ciudadanos romanos una ocasión para la liberación de las cotidianas ataduras civiles.
En relación a la Gran Madre -diosa que parece haber sido importada desde Oriente medio, fuertemente adorada ya desde el período Neolítico- marzo cuenta con dos grandes festividades en su honor: la primera celebrada el Idus de marzo, la segunda el 22 de marzo.
El Idus de marzo, día quince de dicho mes, se correspondía con la primera luna llena del equinoccio. La festividad se celebraba en los bosques y campos, en honor a la diosa lunar Anna perenna, dadora de abundancia y relacionada con los ciclos lunares. Sin embargo, estos Idus fueron inmortalizados en el inconsciente colectivo como la fecha en que acaeció la traición y asesinato de Julio césar.
El 22 de marzo, por su parte, conmemora la muerte y resurrección de Atis, dios frigio amante de la gran diosa Cibeles, que retorna triunfante, coronado de violetas, desde el inframundo.
Entre ambas fechas consagradas a la diosa -supervivencias de festividades de muerte y regeneración, presentes en sociedades matrilineales- se instaura el 17 de marzo como fecha en la que transcurre la liberalia, en honor a un antiquísimo dios plebeyo de la fertilidad llamado Liber; y que finalmente fue vinculado a Baco-Dionisio. Es por ello que estas celebraciones son más conocidas con el nombre de bacanalia.
El dios de la desmesura fue nombrado Baco entre los romanos, Dionisio entre los griegos y, para ambos, fue considerado la deidad de la liberación. En este sentido, los griegos le dieron el epíteto de Eleuterio, que significa literalmente “el liberador”.
El dios del éxtasis, de la epifanía, la locura y el vino, fue también la deidad de la tragedia. Dios extranjero, que arribaba a las ciudades envuelto en tumultuosas manifestaciones de exceso. También fue el dios de las mujeres, siempre secundado por un coro de ménades o bacantes. Él mismo fue un poco hermafrodita y nacido dos veces, de vientre materno y muslo de Zeus.
Las prácticas orgiásticas y sacrificiales tan caras al dios fueron prohibidas en reiteradas oportunidades durante la República. Hasta ser finalmente vedadas por el Imperio católico naciente. Para este último, el dios agreste de la lujuria y el descontrol fue rápidamente asociado con el demonio cornudo, adorado por las brujas y señor absoluto de los aquelarres.
La cultura celta, quizás el último bastión del pathos pagano durante el siglo VI y V, termina por rendirse al poder el Imperio Católico Romano de Occidente. Patricio se erige como santo patrono de Irlanda, el catolicismo hace coincidir su muerte con el 17 de marzo. La leyenda del santo eclipsó al mito que se desvanecía en la noche de los tiempos.
Pero cabe preguntarnos si resta alguna supervivencia del mito en los gestos de las multitudes contemporáneas embriagadas y ataviadas de verde, si éstas son capaces de captar la esencia del exceso bacanal.
Lo cierto es que la desmesura y el éxtasis sólo parecen reencontrarse con la humanidad a través de la naturaleza, de los ciclos naturales de muerte y regeneración que se despliegan y repliegan a un ritmo propio.
Cabe, en última instancia, preguntarse si ya es demasiado tarde para nuestra autómata civilización, o si, por el contrario, podrá Dionisio retornar, laureada su frente, erigiendo con una mano el báculo herbado de hiedra, y con la otra el destilado zumo de la liberación.
[1] Los romanos dividían el calendario en dies fastus y dies nefastus; es decir días en los que era lícito llevar a cabo las actividades civiles comunes y corrientes como los comicios; y días nefastos en las que estas actividades se prohibían por tratarse de jornadas festivas y sagradas, las acepciones negativas del término “nefasto” son algo posteriores.
Súper interesante la nota y una belleza la ilustración. ¡¡Muy muy bueno!!
Un artículo que recorre las fiestas paganas y que el catolicismo supo aprovechar. Dionisos provocaba en las ménades la alienatio mentís y solo así se producía la hierofanía.
No creo que los antiguos descendientes de la vieja Escocía sean capaces de vivir el mito y como Agave desconocer a Penteo. Más que bacanales o saturnalias son borracheras sin raptus o éxtasis.Felicitaciones a la autora y a la revista Colofon.