Con la lengua que apaña

Retrato: Mariano Lucano

Las casas (Ed. Barnacle), de Alberto Cisnero, es una rara avis de la poesía argentina, un discurso sobre la familia que se toma o se deja sin medias tintas. Recorrer las 103 piezas líricas que integran el libro, es ahondar el misterio que toda vida plantea. La voz, que como eje, se sumerge bajo el dolor y la belleza, esperando la palabra que la rescate de su opacidad. La posibilidad siempre presente de bucear en sus repliegues, para intentar alcanzar la expresión exacta. Audaz propuesta que avanza sin rodeos, a través de un acento personal.

-¿Qué fue lo que más te interesó explorar con un libro tan personal como Las casas?

-El amor indica adónde va. Casas es mi apellido materno. Así que la idea era escribir sobre todas “las Casas” de la familia. La cantidad de poemas remeda las 103 canciones de un disco de Andrés Calamaro. El libro siempre sumó tal cantidad de poemas. Esas serían las variables personales del texto. Luego empecé a escribir bajo la siguiente advocación: lo voy a terminar, lo voy a escribir muchas veces.

-Tu léxico se encuentra urdido por una meticulosa sobriedad. Anda, como perfectamente dice Walter Cassara: “a caballo entre lo montaraz y aproximativo de la oralidad, y la escribanía puntillosa de los signos”. Se da, creo yo, a través de una esmerada precisión. ¿Pensás que cada poeta tiene una gramática personal?

-Me gustan las palabras. Las que empleo son esas y no otras, si hubiesen otras, las escribiría. Cada cual hace lo que puede con la lengua que apaña. Y no hay una palabra igual a la otra.

-Un fragmento del poema número seis dice: “con la misma mano que agité al despedirme./ lo llevé conmigo. lejos de las ruinosas torres./ un poema antiguo. quizá se haya perdido/ al comienzo. no preciso saber el nombre.”. ¿Qué tipo de imágenes inventa la lengua con la cual está escrito este libro?

-En mi familia si alguien sale por una puerta, decimos: fulano puerteó. Esa imagen se condice con esa palabra. Sólo se trata de recuerdos, una esponja puesta en remojo que se expandirá aunque sin mutar su forma. La representación gráfica de la trayectoria  que antecede a un impacto.

-Se vislumbra un discurso vagamente autobiográfico en este poemario. Por cierto, ¿cuál es tu opinión sobre la poesía confesional?

-Confesarse es jactarse de algo, generalmente de los yerros. Los de Las casas son poemas, artefactos literarios. No me confieso, no me jacto. Las situaciones biográficas se resuelven en otros ámbitos, llámense moderación o divanes.

-¿Qué posibilidades te brinda la metáfora?

-Las de siempre: la posibilidad de otro abismo.

–Cambiemos de perspectiva, es decir, tomemos distancia. ¿Qué es lo que intenta conseguir la poesía? ¿Acaso capturar un instante? ¿Qué logra atesorar la palabra del poeta?, ¿por qué?

-Intenta conseguir evidencia, palabras que jamás van a suceder fuera de los libros. Es como mantener un diálogo y saberse escuchado por extraños en una tienda.

-Sos del 75, contás con un poco más de cuarenta años, pero ya con una sólida bibliografía. ¿Cómo fueron tus inicios literarios? ¿Quiénes fueron tus referentes del país y del extranjero?

-Comencé a escribir el primer libro, La sustancia en infracción, en 1993 y lo concluí en 2002. Me gustaban y me siguen gustando César Vallejo y José Hernández. En el medio, toda la editorial Columba y la colección Robín Hood y el siglo de oro español.

-Hablame del particular sistema de puntuación con que están escritas estas 103 piezas poéticas.  Algo, por cierto, que se hace también extensivo con tu anterior melvilliano Ajab y Oquei, gracias.

-Los tres libros fueron escritos entre 2011 y 2013. Ajab es una antología temática, sólo incluye poemas sobre el capitán (de los publicados hasta ese momento y de los que permanecían inéditos, más algunos que escribí para cerrar la idea de que Ajab nunca emprendió el segundo viaje que menta el libro de Melville y que Ismael es en verdad el propio Ajab narrando esa ilusión). Si escaneáramos el texto, los puntos serían las manchas negras en el cuerpo del texto.

-Tampoco, por lo general, titulás tus poemas, sino que los enumerás.

-Titulé los poemas en los primeros cinco libros que están reunidos en El límite de la materia. Después pasé a enumerarlos, no me planteé mayor dilema. Simplemente los escribo y luego la numeración se condice con el orden de escritura, un mero escrúpulo cronológico.

-¿Pensás que tu obra dialoga con alguna otra propuesta poética?

-Dialoga con todas las propuestas que se publican en este momento. Habrá quien descifre y continúe el diálogo, quien se hunda en él o bien a quien le resulte indiferente. Hay también quienes hablan solos.

-En poesía, por muy sincero que uno pretenda ser, ¿hay cosas que debe guardarse para sí?, ¿por qué?

-Escribir es un ejercicio ordinario como peinarse o tomar sol. No sé de nadie que se planteé sinceridad en esas actividades mundanas. En todo caso, no sé si es que te guardás algo, lo que ocurre es que casi todo significa otra cosa.

-Me interesaría conocer tu labor como editor de uno de los sellos especializados en poesía argentina, más importantes del momento. ¿Cuándo, dónde y por qué Barnacle?, ¿algo que ver con Nora Barnacle, la esposa de Joyce?

-Barnacle es una evocación a Nora Barnacle. La formamos con Verónica Vega, para publicar un libro de entonces (“El movimiento obrero granizado”), en 2014. Nos gusta Joyce. Después empezamos a publicar libros de otros. Ninguna vanidad es mejor que otra.

-¿Qué tipo de poesía buscan editar en Bernacle?, ¿cuál es el criterio de selección, Alberto?

-En cuanto a los libros que salen bajo el sello, son los libros que nos hubiera gustado escribir. Nos gustan los libros: leerlos, escribirlos y ordenarlos. Podríamos abandonar casi todo, excepto los libros.

-Un detalle no menor. Sobre los paratextos de cada libro que cuidadosamente publicás, me refiero específicamente a los exlibris. ¿Cómo trabajás ese detalle en función al contenido de los libros?

-Los colofones son eso: un término, literalmente; una mirada final acerca del libro y también una lectura de alguna parte o situación del texto. Al igual que los booktrailers implican una versión gráfica y audiovisual del libro en cuestión. Y de ello se ocupan otros, los chicos que arman las tapas, los colofones y los videitos.

-Por cierto, hay un libro tuyo brevísimo: Robé un auto para trasladarme a las soledades vivientes, que realmente, sorprende por su originalidad. ¿Podrías referirte a él?, es una publicación muy particular, no sólo por la propuesta poética en sí, sino por la inclusión de ciertas ilustraciones que lo convierte en uno de tus escritos más experimentales. Casi un libro objeto.

-Es un largo poema más dos poemas breves. El libro es eso. Un largo soliloquio sobre mi hermano mayor, el menemato y los excesos.  Después de leerlo habría que quemarlo y de esa manera escuchar nítidamente un lejano estridular de grillos.

-¿Pensás que tus libros –desde el primero, hasta el presente- han evolucionando estilísticamente?, si es así, ¿cómo?

-Eso no es algo que debería decir yo. No tengo ningún libro que ocultar: es lo máximo que podría decir al respecto. Sigo firmando todo lo que publiqué.

-Alberto, ¿qué significa para vos la poesía?

-Lo digo mal y pronto: es la última línea defensiva.

-¿Pensás que la poesía, de alguna forma, nos libera ilusoriamente de la sordidez de ser?

-La poesía no te libera, no te salva de nada. Para eso está el Ejército de salvación, que incluye también otros artefactos de segunda mano.

-Hay una crítica contra un sector de la poesía joven argentina. Muchos de estos poetas han pasado de las redes sociales o la música, al papel. ¿Está bien, está mal, te es indiferente?, ¿por qué?

-Me parece perfecto, cada uno lo hace a su manera, cada cual lo intenta como puede, incluso con amor. Se sientan y escriben.

-¿Cómo ves la escena de los festivales de poesía en Argentina?

-No sé, una vez me invitaron a leer en uno (Aguante Poesía) y lo pasé muy bien: camaradería, amenidad, esas cosas. La escena la miro desde afuera. Lejos de la aldea, fuera de la manada.

-¿Tenés algún nuevo libro en perspectiva?

-Tengo un libro y dos más. En 2019 sale Forma parte de mi guerra, en 2020 Acata míckuy y en 2021 Media hora con el autor. Todos en abril, que es el mes más cruel.

-Por último, ¿el poeta vale aquello que vale su mejor poema?

-Su mejor poema: nadie escribe su mejor poema. A lo sumo, reaccionás, o pensás que vas a poder obtener un destello sin propósito. Y regresás caminando en silencio.

 

Ilustración Merli Cisnero

 

Alberto Cisnero (Bs. As., 1975), es un prolífico narrador y poeta. Entre algunos de sus libros de poesía, se destacan: El límite de la materia (2012), Tagsales (2012), Adiós y hasta pronto (2013), El movimiento obrero granizado (2013), Robé un auto para trasladarme a las soledades vivientes (2015), Ajab (2016) y Oquei, gracias (2017). En 2014 fundó la editorial de poesía argentina Barnacle, sello responsable de un catálogo con voces tan diversas como: Griselda García, Susana Cella, Marcelo Rizzi, Germán Arens, entre otros.

 

 

Escribe Augusto Munaro

Narrador, poeta, traductor, editor, periodista y lector incansable. Publicó Ensoñaciones: Compendio de Enrique de Sousa, El cráneo de Miss Siddal, Recuerdos del soñador evasivo, Cul-de-sac, Todo sea por la excepción, Gesta Cornú, Breve descripción de una |sepultura|, Noche soleada, Camino de las Damas, [Hna. Paula], Agnès & Adrien, 1944, Vida de Santiago Dabove, Islandia, A la hora de la siesta, Arletty, El baile del enlutado, La página infinita, Celuloide y El busto de Chiara.

Para continuar...

Biografías Imposibles: Gabriela Puente

Revista Colofón le solicitó a Gabriela Puente una breve biografía que sirviera de presentación. Fue entonces cuando …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *