Día internacional de la mujer: El día después

Fotografías: An Mombello Texto: Lucas Iranzi

El martes 7 de marzo se movilizó la CGT (Confederación General del Trabajo) trayendo a la Ciudad de Buenos Aires gran cantidad de participantes en micros. Desde temprano las esquinas de Avenida Belgrano y 9 de Julio se vieron cubiertas de negocios de venta de comida. Los puestos proliferaron sobre la avenida, con las veredas como marco. El día terminó con algunos incidentes, a los dirigentes sindicales se les reclamó con vehemencia que le pusieran fecha al paro.

El miércoles 8 de marzo también hubo puestitos de venta, con quizás más variedad que el día anterior. Las manifestaciones tuvieron su propia economía. En el caso de la marcha contra la violencia hacia la mujer, el logo del #Niunamenos ya es branding más que compromiso. Igualmente, la tarea avanza por las redes y por los ideales de quienes quieran captar algo más que una moda. Todavía hay momentos de sinceridad y de verdadera reflexión sobre el tema.

La marcha comenzó en el Congreso de la Nación y se desplegó por Avenida de Mayo hasta alcanzar la Plaza de Mayo. Una periodista de TN, canal de televisión que forma parte del grupo Clarín, fue agredida. A la periodista le gritaron «puta». Un pibe quiso defender la Catedral valiéndose de una bandera del Vaticano. Hoy es jueves y la Catedral sigue en pie, el Vaticano también.  Mientras, en varias comisarías de la Ciudad de Buenos Aires se tramita la liberación de jóvenes encarceladas. Se desconoce el motivo de las detenciones, pareciera estar relacionado con el hashtag del día: #típicodefeminazi y un gesto político para con el conservadurismo local. No sólo las columnas de personas manifestándose sino también las columnas expresando odio suman votos.

Estuve tanto en la marcha de la CGT como en la manifestación por el día internacional de la mujer, y puedo decir que en la marcha del día de la mujer, había coreografías que el sudor de Los Gordos desconoce. Está instalada una idea entre tantas, que dice que las brujas son brujas no por sus encantos sino por sus retruécanos. Las brujas son acusadas de retorcidas y las mujeres, por translación, son adheridas al concepto, muchas mujeres lo aceptan y lo repiten:  «porque la mujer piensa distinto». En la marcha las bengalas en manos de esas brujas improvisadas tienen el poder de una imagen distinta, como el retruécano, una cosa no lleva a la otra. Las brujas no existen y no las hay. El conjuro de las brujas callejeras es canto y baile. Se pueden desterrar las ideas místicas. Los dioses inventados para controlar a la gente pueden volver a su cielo.

La manifestación del 8 de  marzo se realizó en todas las ciudades del mundo con similar intensidad y color. Estamos hablando de una problemática que atañe a la civilización en sí. Esta globalización del problema diluye protagonismo y esto pareciera dolernos más que el problema en sí. Si se navegan las noticias relacionadas se encontrarán datos como que somos la región con más femicidios del mundo. Si se leen estas notas, verán que el dato no se puede medir por como se diferencia el homicidio del femicidio en cada país. Algunas notas toman como fuente un informe que comprende sólo América Latina, y la venden como si comprendiera el mundo: «país por país». Quienes tengan conocimiento de otras culturas habrán intuído las omisiones. África, Asia del sur y la latinoamérica andina tienen los números más altos en cuanto a violencia hacia la mujer según la  OMS.  Estos números no nos liberan del problema sino que nos dan la verdadera magnitud del mismo y cómo nos atañe como civilización: No somos tan importantes y el problema es grave en un nivel muy profundo, supera con creces lo que se pueda observar desde la subjetividad. Notarán países del primer mundo comprometidos y relaciones numéricas alarmantes. Estos datos son aún más inquietantes, el problema no puede ser desestimado por nuestros reaccionarios locales bajo ningún punto de vista. Tampoco puede ser distorsionado como una cuestión política de izquierdas. Es un problema enraízado en nuestras culturas y compete a todo el mundo, tenga la raza, la ideología y la clase social que tenga.

Si paramos las mujeres, se para el mundo.

Tomemos cierta idea progresiva e igualmente importante para el desarrollo de nuestra civilización, la  comprensión de las culturas foráneas y veamos la complejidad de los problemas de género: ¿Es el Islam una religión machista? ¿O lo son sus pueblos? Podemos y necesitamos comprender otras culturas, pero ¿También debemos comprender sus injusticias culturales? El «no» se vuelve susurro o expresión tácita.

Las reacciones también ayudan para ver el problema. Creo que no hubiera tomado tanta conciencia del problema hasta no ver personas violentamente indignadas con el reclamo. Al argumentar, casi sin quererlo, muestran orgullosas los colores  de sus pensamientos y éstos no son agradables. Tenemos que mejorar como sociedad y desarrollar una inteligencia social. El mundo es cada vez más complejo y los instrumentos de control están cada vez más infiltrados en nuestras costumbres. Totalitarismo y estados de represión están a la vuelta de la esquina. Hemos entregado nuestra intimidad a las redes sociales y nuestras maquinaciones a Google. Este es un ambiente muy complejo como para dejarnos llevar por violencias irracionales. Comparto un comentario de Ana Paolini a un cita proveniente de una nota de Ingrid Sarchman sobre el #8M.

Este aspecto puede tomarse como una autocrítica pero es una forma distinta de plantear la problemática.

Formamos parte de una sociedad capitalista. Leyes armadas por una realidad social determinada son utilizadas por otra clase social con otro fines. En la marcha pude ver la representación crítica de lo mencionado por Paolini en una instalación llevada a cabo frente al Monumento al Don Quijote de la Mancha. Al ver el rostro de los actores, de los partícipes masculinos, no se me hizo difícil imaginarlos en una situación de violencia de género en  su intimidad, fuera del escenario. No podemos tomar a nadie como modelo, a nadie como representante indiscutible de esta pelea, el problema supera a cualquier individuo. Toma trabajo pasar de un tomar conciencia a un actuar de forma orgánica con respecto a esta conciencia desarrollada.  No puedo idealizar, ni mentirme, soy partícipe necesario de la realidad y como humanos soy propenso al error y a la injusticia. Esa alegría comprometida que sentí por momentos al transitar la manifestación, quizás entremezclada con una ligera esperanza, tiene que ver con que sentí que se está trabajando el tema y trabajar el tema es sólo el principio, todavía hay muchos riesgos, las reacciones pueden ser totalitarias y desmedidas. Puedo también volverme producto ideológico y verme consumido por otros intereses.

El primer error común es considerar a la mujer una minoría, no es una minoría. La mujer está vinculada socialmente en condiciones de igualdad numérica, la desigualdad corre por lo que hace a nuestra organización como sociedad, este desajuste es muy difícil de transmitir a la otra mitad, ambas educadas bajo preceptos heteronormativos. El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir es un libro rico en el desarrollo de detalles y explicitación de los sufrimientos que un hombre común como yo puede no ver.

Ahora al hombre que se entiende heterosexual y al que se le propone tener en cuenta la realidad del sexo opuesto no se lo puede abordar desde la inocencia. Tenemos que entender que el sistema capitalista bajo el que vivimos (toda representación política tiende a ser un títere del mercado) pone a la competencia, todas las competencias por encima de cualquier criterio y establece una relación comparativa. Hay mejores y peores. Dicotomías y maniqueísmos, incluso el drama se estructura a partir de protagonistas y antagonistas. Las charlas, las mejores, siempre tendrán a alguien que defienda una postura y a otra persona que defienda la opuesta.

Hay una construcción avalada por científicos, en estudios más funcionales a una necesidad de sensacionalismos publicitarios que a la verdadera construcción de un saber, que dicen que el hombre y la mujer tiene diferencias esenciales en la forma de pensar (ejemplo). Según éstos estudios, el hombre irreflexivo,  puede pensar pocas cosas al mismo tiempo, por eso hace gala de su insensibilidad e, incapaz para la empatía, puede atropellar todas las vulnerabilidades a las que está expuesta la mujer. Pensar esas cuestiones sería enroscarse y pensar demasiado. Se jacta de su supuesto foco y de «no andarse con vueltas». Entendamos que estos estudios científicos están construídos en base a muestras y que la neurociencia es un  campo en desarrollo a tal punto que ha omitido durante muchos años la regeneración neuronal en adultos. Es decir, la aseveración mencionada probablemente sea más parte de la construcción social detrás de nuestra educación, que de un saber neurocientífico propiamente dicho. Los resultados parecieran funcionales al patriarcado y a la organización establecida, atraerán a muchas personas que quizás se sientan falsamente identificadas y que prefieran verse aprisionadas en una cuestión biológica determinada antes que desarrollar distintas formas de pensar. Algo afecta la disposición del poder cuando hablamos de libertades. No es difícil ver que detrás del poder y del manejo de un discurso determinado, detrás del problema de la vulnerabilidad, la sexualidad y el acoso, hay un problema de competitividad.

Entonces, a la hora de abordar al hombre inmerso en el sistema, fruto de convalidación y luego de haberse nutrido durante años de una forma de ser pre-establecida, prefiero evitar la inocencia. Se trata de un hombre embebido en sus inseguridades competitivas y seguirá actuando, profundamente, de acuerdo a la formación que las instituciones le dieron. Son años, muchos años de deformación jerárquicia. Por más que su corrección política lo lleve a decir que está completamente de acuerdo, el aspecto competitivo, su sentido apto para la supervivencia, tanto económica como erótica, lo llevara a pensar y a actuar de otra forma. Existe el escenario en el que los hombres validarán, aunque sea íntimamente, incluso inconscientemente, un sistema en donde tengan una ventaja. Hombres y mujeres nos paramos en veredas diferentes y pugnamos por ser civilizados. Mientras nos matamos compitiendo.

Este aspecto me inquieta cuando pienso en el hombre feminista. Si bien la postura de ese hombre es válida y celebrada, sus acciones pueden no serlo y hay todo un entorno competitivo que lo condiciona en esa dirección. Creo que por eso se producen profundas descompaginaciones en los hombres que se ven como amos de casa, aunque tengan los patitos intelectualmente alineados, siguen sintiendo el yugo del patriarcado. No puedo abarcar esto desde la lástima sino desde la óptica de los difusos desequilibrios del poder y el valor simbólico. Siento que las profundas atracciones de la virilidad y las competencias del capitalismo continuan hasta invadirlo todo.

Tendremos que asumir que la violencia en la pareja dejará de ser parte de una mecánica íntima y empezará a quedar en un escenario público en el que la sociedad se comportará como un juzgado. Las redes sociales nos están domesticando en esta dirección. Las seducciones estarán cada vez más expuestas, más fuera del marco íntimo y todo se verá bajo otro foco. Los buenos partidos serán buenos partidos públicamente, como así también los buenos gestos y la buena gente. Toda intimidad, todo secreto se verá expuesto en caso de violencia, mientras, el sadomasoquismo gana espacio a pasos agigantados entre las preferencias mancomunadas: Escenario perfecto para el exhibicionista emocional que todos llevamos dentro.

Como creadores  de un infierno propio, me inquieta que se encare  el problema desde una óptica social no muy concordante con los misterios de la naturaleza humana y su sexualidad. Lo que presiento es que esta óptica nos dejará a todos expuestos: sin máscaras, en bolas y sin ninguna manzana de por medio. Sólo ellos, ellas y ell@s. Quizás ayude en algún sentido.

 

 

Escribe Lucas Iranzi

Lucas Iranzi es egresado de la ENERC, escribió y dirigió tanto cortos de ficción como documentales. También guionó y produjo shows teatrales de escasa difusión. Tiene múltiples personalidades pero no partícipes de un desorden o, al menos, eso afirma él. Sin ir más lejos esto lo escribió él ¿Por qué usa la tercera persona? La verdad: No lo sé.

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