La historia de Rosa María Pargas es fuerte y la transmitió en poesías. Casada con Alberto Camps, uno de los sobrevivientes de la masacre de Trelew, mantiene su militancia hasta el 16 de agosto de 1977. Último día en el que fue vista con vida. Sebastián Gónzalez entrevista a su hija, quien publicó las poesías, y nos hace pensar en cariños y justicias que se dan con el tiempo. Retrato de Mariano Lucano.
El arte siempre guarda sus secretos. Y la literatura no es la excepción. Cuántas veces hemos oído hablar de “el secreto mejor guardado de la literatura Argentina”; pienso en Juan Filloy o en el injustamente poco leído Ricardo Zelarayán. Por suerte siempre hay un justiciero dispuesto a redimir a ciertas figuras. Ricardo Piglia con Roberto Arlt. César Aira con Osvaldo Lamborghini. Fogwill con Héctor Viel Temperley. Fogwill con casi toda la generación de la revista 18 whiskys.
Pero qué ocurre si el escritor fue tan secreto que sus textos nunca vislumbraron el mundo editorial, y se quedaron esperando -tal vez en busca de mejores tiempos, de mejores lectores- en el fondo de un cajón. En este punto juegan un papel importante los familiares. Y son ellos, los que desembarcan en nuevas tierras asumiendo el incómodo papel de conquistadores. Ya se sabe, cada isla desierta espera su Robinson Crusoe y en el caso de Rosa María Pargas fue su propia hija, María Raquel Camps, quien rescató de una purga de borradores los poemas de su madre y leyéndolos una y otra vez con el miedo y la fascinación (supongo) de quien profana un templo sagrado, pensó que había llegado el momento de darlos a conocer. El resultado fue el libro Hubiera querido publicado por la editorial Libros de la talita dorada, en el año 2011.
En esta oportunidad charlamos con María Raquel Camps (hija de Alberto Miguel Camps y Rosa María Pargas) acerca de su madre, la poesía y la militancia. A casi cuarenta años de la desaparición de sus padres, Raquel Camps nos cuenta cómo se fue gestando el libro y cómo la poesía, en este caso, sirvió para acercarla más a su madre.
¿Quién fue Rosa María Pargas?
Rosa María Pargas nació el 10 de agosto de 1949 en Gualeguaychú, Entre Ríos. A los 20 años viaja a La Plata para iniciar su carrera de Sociología que más tarde continúa en Capital Federal, donde comienza a participar activamente en diversas agrupaciones políticas. En 1972 es detenida en Flores y trasladada al penal de Villa Devoto y más tarde al penal de Rawson. Allí conoce a su compañero Alberto Miguel Camps, uno de los sobrevivientes de la Masacre de Trelew. Trasladada nuevamente a Devoto es liberada gracias a la amnistía del gobierno de Cámpora. En 1974, se exilia junto a su pareja, va a Perú, México e Italia. Al poco tiempo regresan al país clandestinamente y continúan su militancia dentro de la organización Montoneros. El 16 de agosto de 1977, Alberto es asesinado en un operativo parapolicial y Rosa María secuestrada. Al día de hoy permanece desaparecida, siendo vista por última vez, en el CCD “El Vesubio”.
¿Contános cómo diste con los poemas del libro?
Yo me enteré que mi mamá escribía de grande; mi abuela tenía una caja con sus poesías y yo aprovechaba para leerlas y copiarlas cuando ella se iba a la peluquería, no me animaba a pedirle que me las muestre, tal vez por miedo a ponerla triste. Y así de a poco me las copié casi todas, nunca me las dio, ni me dejó que me las lleve, pero un tiempo antes de su muerte las terminamos leyendo juntas…cuando falleció, la caja de poesía me perteneció finalmente.
¿Qué sentiste la primera vez que leíste los poemas de tu mamá?
La primera vez fue muy emocionante, sabía que era una manera de conocerla y a la vez buscaba en cada palabra algo que me perteneciera, no sé, algo chiquito que yo pudiera decir: esto lo puso para mí.
Recordando el prólogo que escribiste para el libro, pienso en la importancia de la palabra escrita. ¿Sentís que sin esos poemas hubieses tenido otra percepción acerca de quién fue tu mamá?
Yo conocí a mi mamá en la intimidad a través de sus poemas, ahí solo estábamos ella y yo, y mi construcción de una mamá que no recordaba en absoluto, a la cual le había oído el corazón desde el primer momento de mi existencia, pero que no tenía ningún recuerdo propio para poder armarla en mí.
¿Cómo fue qué decidiste darlos a conocer y por qué?
Fue una propuesta de un compañero, Julián Axat, hijo de desaparecido, que venía publicando una colección de poemas con esa temática, allí comenzó el largo camino. Tenía un montón de papeles amarillos que comenzaban a deteriorarse y frente a la propuesta ni lo dudé; la idea de tener un libro era mucho más inesperado de lo que imaginaba.
Supongo que habrá sido muy difícil el proceso de selección de textos. ¿Qué tuviste en cuenta a la hora de elegirlos?
En el libro están todos sus poemas, todo lo que escribió a lo largo de su corta vida y estaba en aquella caja lo pusimos, lo que hicimos fue ordenarlos desde los más combativos hasta los escritos de más chica.
¿Sabés si tu mamá pensó en publicar alguna vez?
No, creo que no tuvo tiempo.
Me llama la atención la ausencia de títulos en los poemas. ¿Tenés alguna teoría al respecto?
Ninguno de sus poemas tiene título, creo que era una modalidad de escritura.
Hay un poema del libro que cuando lo leí sentí cierta incomodidad, era como si nos estuviera hablando a todos; el poema comienza con “Para vos… que te hicieron un domingo sin nada” ¿Pensás qué tu madre veía a la poesía como una herramienta más de la militancia?
Estoy segura que la poesía era su manera de poner en palabras la lucha, el amor y sus odios. Creo que poesía y Rosa María van de la mano.
Es interesante ver los cambios que se van produciendo en el lenguaje de tu mamá a través de los años; como pasa de una poesía naif, si se permite el término, a una poesía más combativa, más comprometida socialmente; sin embargo pienso que todos los poemas están conectados por un solo sentimiento: el amor. Incluso en los poemas más crudos pienso que está el amor, y si no está, por lo menos aparece como reminiscencia de algo que se perdió. ¿Estás de acuerdo con esto?
Totalmente. La poesía más naif tiene que ver con el momento, hay poemas de la adolescencia y otros de cuando era presa política, y se nota claramente la evolución que tuvo.
En el poema que le dedica al capitán Sosa (quien dio la orden de fusilamiento en la masacre de Trelew) tu mamá concluye: “miles de ojos te espían / no te escondas capitán”. Finalmente, Sosa fue condenado a cadena perpetua en el 2012.¿Creés que se hizo justicia?
A medias. Después de 40 años la Justicia llega un poco distorsionada. Pero la verdad es que nunca imaginamos un juicio sobre la masacre y lo tuvimos, y eso ya es justicia de alguna manera.
Creo que todos los poemas del libro están, de una manera u otra, atravesados por la militancia. Pero hay uno en particular en el que tu madre lo deja muy claro y es ese que dice: “Cuando el alarido de mi sangre no me sirva de poema…” Acá yo creo que tu mamá ve a la militancia como el engranaje que pone a funcionar la maquinaria de su poesía (perdón que me ponga metafórico, pero no encuentro otra forma de expresarlo). Y así como te pregunté anteriormente si creías que tu mamá utilizaba la poesía como una herramienta para la militancia, ahora te pregunto ¿creés que tu mamá necesitaba de la militancia para escribir?
Que la inspiraba, no tengo dudas.
Hay una frase de Rodolfo Fogwill que dice “Escribo para no ser escrito” ¿Pensás qué tu mamá también escribía para no ser escrita; para poner las cartas sobre la mesa y decir: señores, esta también soy yo?
Creo que sus poemas de alguna manera eran denuncias, creo que era su manera de poner en palabras esa lucha que los acompañaba en el día a día.
¿Cómo pensás que debe leerse a tu mamá hoy cuarenta años después?
No pienso como debe leerse, lo que sé es que a partir del libro ella trascendió la lucha y también fue sencillamente poema, leerla es saberla con nosotros, leerla es haberla aparecido.
Hay cuatro poemas del libro a los que Rosa María Pargas les dedica a sus padres. ¿Qué palabras les dedicarías vos a los tuyos?
¡Gracias!