Tejer mi destino al tuyo: las cartas de Remedios Varo

Remedios Varo, la artista plástica que escribía cartas a desconocidos sorprende con su visión de los vínculos humanos. Ilustración de María Lublin.

Remedios Varo tenía una amiga del alma, Leonora Carrington, también artista plástica, escritora y autora de la novela La trompetilla acústica protagonizada por dos amigas, Carmela y Marión, alter ego de las dos artistas. Allí se cuenta que Carmela siente un gran placer en escribir cartas “a gentes de todas partes del mundo a quienes nunca ha conocido, firmándolas con toda suerte de románticos nombres, jamás, desde luego, con el suyo propio”. Respecto de la firma dice que Carmela despreciaría las cartas anónimas y, además, ¿quién sería tan poco práctico como para responderlas? Finalmente, nos enteramos que estas cartas maravillosas salen por correo aéreo y nunca llega una respuesta. “La gente no tiene tiempo para nada realmente interesante”.

Este fragmento literario es una ficción de las tareas epistolares a las que dedicaba su tiempo Remedios Varo/Carmela. Ella sí tenía tiempo para dedicarle a la construcción de lazos con personajes totalmente desconocidos y, además, le resultaba interesante. Ya sea como juego o como desarrollo de sus prácticas alquímicas, Remedios era una artista plástica que, según sus palabras, “escribía como si trazara un boceto”. Este dibujar el futuro de una escena imaginada a través de las palabras escritas en la carta, como pensamientos en imágenes visuales que se sirven de las palabras como el pintor usa los colores.

La porosidad de las cartas de Remedios trasciende su poder comunicador para convertirse en un llamado al universo. La intención busca transmutar algo y, en ese sentido, entra en relación con la cosmovisión alquímica y también con la carta que presentifica al ausente y le otorga carácter de interlocutor. Por otro lado, se define a sí misma y a su grupo de pertenencia, se presenta ante el desconocido para inspirarlo a confiar. ¿Ella confía a su vez? Claro que sí, la alquimia de la creación supone confiar en los materiales, en este caso la escritura, la carta, la intención, la sincronía entre dos mentes que entrarán en contacto desde el mismo momento en que surge la idea que las vincula. Después, si sucede o no, quedará librado al destino. Si el invitado no se presenta en la reunión, el efecto alquímico ha sucedido de todos modos. Ni ella es la misma que antes de enviar la carta, ni el lector podrá dejar de modificarse con su lectura. También el grupo de amigas y amigos recibirá la información del acto como un juego que también los transformará.

Por un lado, es una carta íntima ya que describe particularidades de sus costumbres y trata en tono jovial al lector posible, pero también se puede considerar una carta de otro tipo, socialmente distanciada, ya que es una invitación “por eso le propongo que venga a pasar el fin de año a la casa número…” y, al mismo tiempo, sugiere que el desconocido no acudirá a la cita: “Estoy casi segura de que no irá usted, se necesita un aplomo enorme para hacerlo y poquísimas personas lo tienen”.

¿Se podría pensar a la carta como una oralidad no acaecida debido a la distancia? Quiero decir, ¿es la carta un llamado telefónico no proferido a pesar de haber tomado la dirección de envío de la guía telefónica? ¿Es una invitación a una fiesta o es un experimento? Una carta que tiene por objetivo, más que una respuesta, una presencia física, presentificar el cuerpo del que sólo fue nombre. El nombre como signo de un cuerpo y una mente intuida como interesante.

Durante años la humanidad consideraba fundamental que el proceso de alfabetización estuviera marcado por un fuerte aprendizaje de las reglas del protocolo de cómo redactar cartas. Los pedidos y decisiones acerca de lo solicitado dependía, casi con exclusividad, de la calidad de esa escritura, su caligrafía, del respeto a la jerarquías sociales en los apelativos utilizados, los encabezamientos, el cierre de la carta y la firma. El ser entero del escribiente estaba puesto en las letras dibujadas sobre el papel carta. Sin embargo, para el momento en que Remedios se proponía estos juegos, ya existía el teléfono y, de hecho, ella le escribe al destinatario de la carta que ha tomado por azar el nombre del “libro de teléfonos”. Propuesta interesante la de alguien que decide que, en vez de llamarlo para hacer la invitación, sería mejor hacerlo a la manera tradicional de enviar una carta formal con la propuesta. La dirección es tomada de la guía telefónica y ahí se cierra el círculo, no es la comunicación en sí lo que se busca sino el testimonio, la escritura como resto indeleble en la historia. De hecho, no habríamos tenido noticias de ese” llamado” si acaso hubiese sucedido telefónicamente y, en cambio, sí podemos estar hoy analizando la carta manuscrita por su modelo, ya que, lamentablemente, no han llegado aún a nuestro conocimiento ninguna de las cartas de parte de los receptores de ellas. La escritura es, en oposición a lo oral, por lo menos, más eficaz en términos de perdurabilidad.

¿Y qué lector propone esta carta? “Los de su profesión”, dice Remedios, del mismo modo que la Carmela de La trompetilla acústica seleccionaba al azar en la guía telefónica de París a sus destinatarios, Remedios, por el contrario, dirigía las suyas preferentemente a psiquiatras.

Hay personas que piensan con palabras y otras que piensan con imágenes, ya lo dijo Freud al hablar del preconciente. Por eso no es de extrañar que Remedios pensara dibujando en su mente lo que pretendía decir con palabras escribiendo como si trazase un boceto. Su concepción entre mágica y alquímica que concebía los actos cotidianos como modificadores de la realidad futura, el efecto mariposa en dimensiones extraordinarias, es la base de su trabajo. Desde un saludo hasta la pintura de las Tejedoras del manto terrestre donde unas mujeres dan forma con sus manos a lo visible del mundo en el planeta, todo en ella era acto alquímico. Coexistían el mundo invisible con el visible, la magia con lo terrenal y, si bien en su época estaban de moda la pesquisa esotérica, la ciencia ficción y la ciencia a secas, ella los integró a su arte pictórica y en sus textos escritos como fórmulas mágicas. El amor trascendente en vínculos intuidos, esperanzados, la convocatoria a través de un nombre que llama, dos mentes conectadas a partir del correo y todo el universo alrededor. Además, como si los hilos de transformación alquímica se tejieran unos a otros, algo en ella llamaba y algo en mí se sintió convocada una vez más a su llamado.

El arte como magia, las cartas como dispositivo creativo de conexión con personas distantes

Si bien Remedios Varo también hizo cartas de otro tenor, las del tarot, en esta oportunidad abordo las del correo. Para un acceso más certero a la comprensión de estas cartas como instrumento trasmutador rescataré los sueños anotados por ella misma y recolectados por Castells en el libro Remedios Varo. Cartas, sueños y otros textos. El que más me conmueve y que ya cité en otro artículo en Revista Colofón es, sin duda, el sueño número diez en el que Remedios sueña que había descubierto la “verdad absoluta”. Enterados los gobernantes de que ella poseía semejante secreto fue condenada a muerte, temían por la caída de la estructura social tal como funcionaba. El verdugo, satisfecho con la tarea encomendada, se enfrenta a una Remedios angustiada que le pide que le sean concedidos todavía unos minutos más de vida, “le expliqué que yo amaba a alguien y que necesitaba tejer sus ‘destinos’ con los míos, pues, una vez hecho este tejimiento, quedaríamos unidos para la eternidad”. El verdugo, encontrando razonable el pedido le concedió diez minutos más de vida. Remedios tejió durante ese tiempo a su alrededor, tejía con unas cintas que se materializaban en sus manos y que ella sabía que eran la substancia del ser que ella amaba y la substancia de ella misma. Al finalizar el tejido a su alrededor y rodeada por una especie de huevo tejido, le comunicó entre lágrimas al verdugo que ya podía matarla porque el hombre que ella amaba había sido tejido con ella para siempre. Así era ella, una tejedora de amor, de destinos, de futuro sanador.

La obra debería ser suficiente, decía Remedios. En este caso, la obra es sólo el comienzo de un camino de transmutación infinito. Ella concebía la creación ligada a un espiral cuyas formas adquieren universalidad y atraviesan los tiempos. Cada acto creador es el grano de arena de una forma nueva que será en un futuro otra obra y que, a su vez, surge de un acto creador anterior que fue su germen. La obra que estaba pintando el día de su fallecimiento: Naturaleza muerta resucitando. ¿En qué seres habrá reencarnado? ¿Qué nueva forma sutil adquirió Remedios después de su partida?

El correo y el “ser correspondido”

Si la carta espera respuesta, asegurarse la presencia del otro, la correspondencia amorosa que pruebe la perdurabilidad del recuerdo de quien escribe en la mente del amado y espera, a veces sin demasiada esperanza, una respuesta. En Remedios Varo, la carta no quiere letras ni palabras, quiere al otro en su corporalidad. Es una invitación, podría decirse, aunque para ese sustantivo le sobraría una frase: “Estoy casi segura de que no irá usted, se necesita un aplomo enorme para hacerlo y poquísimas personas lo tienen”. Ya Roland Barthes citaba a Freud en Fragmentos de un discurso amoroso a propósito de las cartas sin respuesta: “perpetuos monólogos a propósito de un ser amado, que no son ni rectificados ni alimentados por el ser amado, desembocan en ideas erróneas sobre las relaciones mutuas”. Acaso Remedios escribió una carta que se niega a sí misma en sus objetivos de obtener una respuesta, afirmando lo que el destinatario haría luego de recibirla: no se animaría a asistir a la reunión.

No es tan sólo una invitación, sino más bien la convocatoria a regresar a la oralidad del vínculo imaginado como interesante, previo a la escritura que devendría después y posterior a la carta. Pero la autora sabe, intuye, que es posible que esa persona no se presente. ¿Cuál es el intercambio social que se inaugura cuando alguien le escribe a un desconocido que no asistirá al encuentro? ¿El fin de semejante intento es la comunicación en sí o la frondosa situación social que se producirá en la reunión de amigos cuando ella comunique la eventual llegada o no del desconocido? ¿Es la búsqueda del encuentro o es un juego que espera la confirmación de su propio discurso amoroso hacia el prójimo?

Entenderemos aquí al amor en sentido amplio. Amor a la humanidad y a aquellos gestos que mejoran el mundo. La alegría y la camaradería son parte de las cuestiones en la circulación social de sentidos que todo intercambio construye. La mirada puesta en otra persona, el tiempo dedicado a pensar en ella, la escritura de una carta, en fin, son una forma del amor que dice: estás aquí en la materialidad de esta carta y te capto en lo que eres. La escritura a seres desconocidos en apariencia le da un estamento particular, le da existencia en la mente de ella y con eso se tiende un hilo invisible entre dos seres, teñido de la genuina curiosidad que inunda a las mentes inteligentes, con la ambición por construir armonías creadoras en relación con interlocutores lúcidos. Así podríamos resumir la cosmovisión alquímica de Varo respecto de los actos que ligan a las personas.

La belleza de este gesto, que podemos pensar como artístico y alquímico a la vez, radica en la plasmación de un universo paralelo donde los hilos que vinculan a unos con otros, tal como se observa en sus obras pictóricas, es la cosmovisión que rige también esta práctica epistolar. Si trazar bocetos verbales es la tarea de la dibujante y dibujar letras es la de los escritores, el pensamiento, ese espacio intermedio entre las imágenes y lo verbal, se pasea entre un territorio y otro según las necesidades expresivas de la llamada inspiración. Me encuentro suspirando de añoranza por ese sueño de la tejedora de destinos que podría haber sido un cuadro si hubiera surgido de día en vez de durante la noche. ¿Es que Remedios lo estaba bocetando cuando le llegó la hora? ¿O en términos alquímicos alcanzaría, para cambiar la realidad, con el acto de soñar sin necesidad de plasmarlo en una tela?

Agradezco la atenta lectura y sugerencias de Gerónimo Castellanos y del equipo de edición de Revista Colofón.

Carta modelo redactada por Remedios Varo:

 

Estimado desconocido, ignoro totalmente si es usted un hombre solitario o un padre de familia, si es un tímido introvertido o un alegre extrovertido, pero sea como sea quizás está aburrido y desea lanzarse intrépidamente en medio de un grupo de personas desconocidas con la esperanza de ver algo que les interese o le distraiga, también el hecho de sentir curiosidad y hasta algo de inquietud es ya un aliciente, por eso le propongo que venga a pasar el fin de año a la casa número… de la calle…


He elegido su nombre casi al azar en el libro de teléfonos, digo casi porque he buscado la hoja donde se encuentran los de su profesión, creo (Quizás equivocadamente) que entre ellos hay mayores probabilidades de encontrar alguien con espíritu amplio y sentido del humor, debo aclarar que yo no soy la dueña de la casa y que ella ignora totalmente este gesto que probablemente juzgaría descabellado, estoy simplemente invitada a ir allí así como lo están otro reducido número de personas… (Debe) pretender con firmeza que ya se han encontrado antes, que es Ud. un amigo de Edward y que estando solitario y deprimido desea ir a su casa a pasar el fin de año…


Estoy casi segura de que no irá usted, se necesita un aplomo enorme para hacerlo y poquísimas personas lo tienen, también puede usted creer que se trata de una broma de algún amigo suyo, o que esta carta es una hábil propaganda para llevar gente a un lugar dudoso… nada de eso, la casa es una respetabilísima residencia burguesa, yo y todos los demás, apacibles burgueses que, sin embargo, como me sucede en este momento a mí, pueden sentir un irresistible impulso de hacer una travesura a la manera de un adolescente, a pesar de mis años…


Voy a copiar esta carta y a enviarla también a otro desconocido, quizás uno de los dos se presente, si viniesen los dos sería algo extraordinario e inaudito…


Pensándolo bien creo que estoy más loca que una cabra. No se haga Ud. la ilusión de que la sala será atravesada por una aurora boreal ni por el ectoplasma de su abuela, tampoco caerá una lluvia de jamones…. y así como le doy estas seguridades espero que no sea usted ni un gángster ni un borracho, nosotros somos casi abstemios y medio vegetarianos.

Escribe Anahí Almasia

Anahí Almasia nació en Buenos Aires, es argentina y española. Es psicóloga de la Universidad de Buenos Aires y Magister en Patologías del Desvalimiento de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales. Algunos de sus trabajos y tesis psicoanalíticos dan cuenta de una búsqueda artística alrededor de la obra de Borges, Gabriel García Márquez, Yves Klein y Frida Khalo. Sus libros de ficción son Matu Ketami. El tiempo de Troful, El Juego de Barbazul (junto a Valeria Castelló Joubert), el libro de cuentos Lo que el viento no se llevó (en coautoría con Luz Darriba). Trabaja actualmente en una película y en diversos proyectos culturales.

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