De máscaras e identidades

Reseña de Nada es lo que parece, una adaptación original, contemporánea y muy divertida sobre un clásico de Shakespeare: Noche de Reyes.

Conocer a alguien tiene algo de misterio, de peligro. Entramos al mundo del otro a partir de lo que dice, de cómo la persona se describe, se presenta. Hace poco leí en Instagram una página de historias de amor frustradas, encuentros que salieron mal. En tono cómico, la gente comparte anónimamente sus experiencias. Me llamó la atención una en la que una chica contaba que salió por varios meses con un kinesiólogo. Al tiempo se dio cuenta de que le empezó a faltar plata en la billetera y descubrió que él le robaba. Dejó de verlo pero lo interesante es que hizo una investigación posterior y se dió cuenta de que no era kinesiólogo y de que estaba en pareja.

Elegimos asumir como verdadero aquello que el otro cuenta, pero lo que dice no es la realidad sino su mirada y recorte específico sobre la misma, el modo en que narra el mundo y se narra a sí mismo. ¿Qué pasaría si todas aquellas personas cercanas no son lo que dicen ser? ¿Si detrás de lo que muestran hubiera otro rostro distinto?

Nada es lo que parece parte de esta inquietud de replantearnos lo más básico de las vínculos. Adaptación sumamente original de Noche de Reyes de William Shakespeare, la obra indaga en los disfraces sociales y en las imposturas, en la necesidad de mantener las apariencias.

La historia de Noche de Reyes es bastante conocida: Viola y Sebastián son dos hermanos gemelos que naufragan y llegan a las costas de Illiria, un país ficticio, sin saber el uno de la suerte del otro. Viola se hace pasar por hombre (Cesario) para entrar al servicio del duque de Orsina, quien está enamorado de Olivia. Orsino utiliza a Cesario como intermediario en su declaración de amor, pero Olivia se termina enamorando de Cesario sin saber que es una mujer. Viola a su vez está enamorada de Orsino.

Paralelamente a esta trama, otros personajes forman conspiraciones y alianzas entre sí, engañándose continuamente.

Se trata de una clásica comedia de enredos, pero no se limita a eso. El punto fuerte de la obra que retoma la adaptación de Luciano Cohen es la crítica constante a los géneros y las imposturas, establecida desde el discurso de los personajes y desde su despliegue físico. Dos músicos en escena aportan al dinamismo y a la comicidad de la puesta. Ellos a su vez entran y salen de la trama, interpretando respectivamente además a dos personajes.

El juego de palabras recorre toda la obra. Feste, el bufón, aparece como una suerte de intermediario entre las diferentes esferas y estamentos sociales. Funciona como un recordatorio de la imposibilidad de querer saberlo todo, y de lo engañoso de los discursos. Él simula ante sus distintos señores para obtener algo de cada uno de ellos. Y se autodefine como un “corruptor de las palabras”. Conversando la gemela dice:

Viola: aquellos que saben coquetear con las palabras pueden volverlas sinsentidos.

Feste: En ese caso, desearía que mi hermana no hubiera tenido nombre.

Viola: ¿Por qué, hombre?

Feste: ¿Cómo por qué? Su nombre es una palabra. Coquetear con esa palabra hubiera podido convertir a mi hermana en una perdida. Aunque la verdad es que las palabras son unas descaradas desde que las promesas las deshonraron.

Otro de los personajes compara el amor con una lucha. Dice que para enamorar a una mujer, un hombre debe mostrar su valentía. Idea típica del amor cortés de la época. Pero lo interesante es que para expresar esas palabras, Shakespeare utiliza a un personaje bastante miedoso y frágil, es decir, inadecuado por su carácter para semejante declaración. El humor se apoya en el disfraz del discurso, en un contraste donde un débil habla de fuerza.

Y cuando Olivia le pregunta a Cesario qué piensa de ella, éste responde:

Cesario: Que realmente pensás no ser lo que sos.

Olivia: Si eso es lo que pienso, lo mismo puedo decir de vos.

Cesario: Entonces pensás bien. No soy lo que soy.

Olivia: Quisiera que fueras lo que yo quisiera

Cesario: ¿Sería mejor de lo que soy? Entonces yo también lo quisiera, porque ahora soy sólo tu bromista

Esa contradicción de interpretaciones y lo infinito de las capas de sentido se potencia también a través del uso de medias máscaras balinesas artesanales hechas en madera de tipo bondres, uno de los grandes aciertos de esta adaptación.

Los actores logran una fusión sorprendente entre cuerpo y máscara, trasponiendo la realidad a una suerte de síntesis escénica. Partiendo de un estado de desequilibrio y conflicto que impulsa la acción, gestos tristes, exasperados, de emoción y de sorpresa, de misterio y de ignorancia, desfilan por el escenario. Cuanto más evidenciado es el carácter y el rol de un personaje, más expresivo se vuelve el gesto de la máscara que porta. Se establecen así matices interesantes entre todos porque, a pesar de la armonía entre los disfraces, cada uno exhibe su particularidad.

Las máscaras y el vestuario ayudan a ocultar las verdades intenciones de los personajes y sus identidades. El travestismo, una práctica muy presente en el teatro isabelino, a través de la que los papeles femeninos eran interpretados por adolescentes masculinos que podían variar su tono de voz, toma aquí otros significados. Al uso del disfraz se suman las interpretaciones de géneros cruzadas, lo que permite explorar deseos, fantasías e inquietudes culturales. De este modo, Nada es lo que parece nos brinda una reflexión sobre la construcción y disolución de las identidades. El muchacho travestido representado por Viola produce la desestabilización, remueve las energías de los personajes y hace que los sentimientos cambien permanentemente, en un espiral creciente de confusiones.

Sin embargo, ese movimiento identitario deberá estabilizarse nuevamente. Como es de esperar, la comedia termina en matrimonio entre un hombre y una mujer. Se introduce así una sanción heterosexual normativa por la que cada uno debe volver a asumir el rol de género que le fue asignado cultural, política e históricamente. Por eso el momento de mayor riqueza de la obra es justamente el que la adaptación de Cohen le dedica más desarrollo. En el medio de la historia, los enredos en torno a las convenciones de género y de identidades habilitan un divertido juego en el que todo es posible y nada es lo que parece.

Ficha técnico artística

Adaptación: Luciano Cohen

Actúan: Cristian Rodrigo Cabrera, Ignacio Cohen, Viviana Corea, Nicolas Di Lorenzo, Laura Gubinelli, Juan Hurtado, Guido Napolitano Rodriguez, Francisco «Chocho» Pedreira, Alejandro Schijman, Natalia Jimena Suárez

Vestuario: María Ines López

Escenografía: Cristian Rodrigo Cabrera, Guido Napolitano Rodriguez

Iluminación: Leticia Agesta

Música: Ignacio Cohen, Nicolas Di Lorenzo

Diseño gráfico: Edgardo Carosia

Asistencia de dirección: Josefina Fernández Labrador

Dirección: Luciano Cohen

Sala: Hasta Trilce (Maza 177, CABA)

Domingos 13hs.

Escribe Melina Martire

Soy licenciada en Artes Combinadas (UBA). Realicé la Especialización en Diseño y Planificación de Proyectos Culturales en la Alianza Francesa. Cursé el Posgrado en Gestión Cultural y Comunicación en FLACSO. En actuación me formé con Lorena Szekely, Pablo Mariuzzi, Paco Redondo, Diego Cazabat. Clown con Marcelo Katz, Marcos Arano y Pablo Fusco. Trabajé en diversas obras de teatro como actriz y gestora de prensa. Fui redactora de Revista Cultural Originarte. Publiqué en Revista Telón de Fondo. Fui redactora estable de críticas del área escénicas de Revista Funcinema, Revista Mutt, y Revista Feminacida. Actualmente escribo para Revista Colofón. Tomo clases de escritura creativa con Juliana Corbelli, ambito en el que estoy desarrollando un compilado de cuentos. En el 2019 estrené como actriz  la obra teatral Boicot en el Bauen, concebida en creación colectiva con la Compañia Irredentas. Formo parte desde hace tres años de un proyecto de investigación escénica llamado Haber Sabido con dirección de Gonzalo Facundo Lopez. En el 2020 estrené como actriz la miniserie web Una calle nos separa por Nube Cultural.

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