Poesía como forma de religión. Entrevista a Juan Arabia

Al terminar de leer El Enemigo de los Thirties (Buenos Aires Poetry), de Juan Arabia, difícilmente se pueda decir que no se trate de un poemario escrito desde la rigurosa lógica poética de la necesidad. Un libro que reúne tres elementos de alta poesía: simplicidad, hondura y perfección rítmica y musical en la composición. Estos elementos, sin limitarse, entretejen, con eficaz transparencia, una voz cercana al registro menos evidente de lo íntimo.

Juan Arabia es poeta, traductor y crítico literario egresado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, y actual director del sello editorial y revista Buenos Aires Poetry. Algunos de sus libros publicados: John Fante. Entre la niebla y el polvo (2011); PosData a la Generación Beat (2014). El Enemigo de los Thirties este año será publicado en Chile, a través de RIL editores, y en Italia, por Samuele Editore.

 

-¿Podrías explicar el título de tu poemario y la esencia del libro?

-Se llamó Thirties (o War Generation) a un conjunto de poetas ingleses de la década del 30 que asumió un rol activo frente a la contingencia de una sociedad en crisis. El poema da nombre a este libro es un homenaje implícito a Dylan Thomas y a todos los poetas y artistas que se enfrentaron a la realidad por sus propios medios, sin mediaciones políticas, institucionales o académicas.

 

-Uno de tus versos dice: “Esperamos la noche para inventar una lengua” ¿Qué tipo de imágenes inventa la lengua con la cual está escrito este libro?

-No estoy seguro de haberme acercado a los límites de la invención, al menos en términos radicales. Creo que eso no existe, o sólo existe en niveles más amplios, nunca individuales. Aunque, y por otro lado, existen las experiencias radicales. Ese verso, por ejemplo, es el resultado de una experiencia de una noche en Lago Meliquina, San Martín de los Andes.

 

-Hay colibríes, está el cuervo también. Leemos en “Días en Charleville”: “Al atardecer los pájaros forman/ un castillo de canciones/ dentro de los árboles” ¿Qué simboliza la figura del ave en tu poética?

-Charleville parece una ciudad misma construida por pájaros. Al atardecer, literalmente, los pájaros forman castillos sobre los árboles. En Buenos Aires no tenemos eso, aunque los gorriones siempre estuvieron cerca. Creo que el colibrí representa para toda América Latina una forma de ser: basta recordar que sólo viven en América y que muchos mueren si son condenados al cautiverio. Esto es un saber cotidiano para mucha gente que vive en el interior de Buenos Aires.

 

-El poema “Paul Verlaine” resulta muy emotivo. Versos que desnudan lo esencial de aquella vida intensa, misteriosa y, claro, escandalosa también ¿Qué es lo que te ilumina de su propuesta lírica?

-Los últimos poemarios de Verlaine son honestos y directos, parecidos a la declaración de una guerra. Verlaine supo hablar de él, y en voz primera, dentro de sus propios poemas. Eso no era algo fácil en la época del simbolismo, cuando la objetividad parecía convertirse en una obligación. Creo que Ezra Pound le debe mucho a Verlaine y a esa forma de poesía autorreferencial estrictamente crítica frente a los reseñadores amordazados y a los medios de comunicación.

 

-Por cierto, el espíritu de Rimbaud atraviesa buena parte del libro. Rimbaud como sinónimo de libertad, de poesía pura.

-Es posible que Rimbaud haya alternado y previsto el destino de toda la poesía moderna. Hasta ahora, nadie fue tan puro y radical como Rimbaud.

 

-El libro cuenta con una importante serie de notas al pie, lo cual brinda un segundo nivel de narratividad. Este juego dialogal, entre texto y paratexto, se da muy particularmente en “Fin del Fervor de Buenos Aires”.

-Creo que se trató de un recurso ingenuo, y que no volvería a utilizar, porque toda poesía verdadera presenta formas de hermetismo. Me gustaría, honestamente, ser leído como el aire es el mundo.

 

-Hay un trabajo en torno a la depuración del lenguaje, muy presente. No recurrís a las adjetivaciones. Manejás un vocabulario más bien lacónico, atado al sustantivo. En el plano estilístico, ¿te sentís de alguna forma deudor de Borges?

-Creo que Borges fue un gran ensayista, el mejor de nuestro país, y gran narrador, pero no un gran poeta. Sus esquemas poéticos son muy superficiales, anclados a una tradición estéril. Básicamente Borges negó todos los avances experienciales, y por tanto poéticos.

 

-¿Qué posibilidades te brinda la metáfora?

-La metáfora brinda la posibilidad de exiliarnos de los límites del lenguaje. Podemos utilizar dos metáforas en una, o cinco en tres, y todavía seguir… intactos como una borrachera de Hart Crane.

 

-“Brisa” es un poema redondo, inmejorable ¿Recordás las circunstancias que te llevaron a escribirlo?

-Ese poema está basado en la propia brisa del verano en el interior de Buenos Aires. Así como las plantaciones del maíz, los zorros y los murciélagos que circulan por la noche en el campo.

 

-Otro tema: la espiritualidad tiene importancia en tu poesía. Aludís a los Evangelios Apócrifos; el tono místico profético en algunos versos, que llama con mucha sutileza a la mentada figura de William Blake… hay un tono de visión y profecía en algunas zonas de tus poemas ¿Cuándo un sentimiento religioso muta en poema?

-Creo que toda poesía verdadera es una forma de religión y por tanto de creencia.

 

-Hay algunas piezas de esta colección, fechadas en sitios como Londres. Me refiero a “Un cuervo en Camden Town” y “Atardecer en Cromer Street”. Lo cual me lleva a querer preguntarte sobre la inspiración. Si es común que el impulso de escribir un poema te asalte en un lugar de tránsito. Cuando esto ocurre, ¿por qué es tan valiosa su cuota de circunstancialidad?

-Esos lugares, tanto Camden Town o Cromer Street (como tantos otros de Londres y Edimburgo), son esencialmente poéticos. Son lugares que lo encierran a uno, como dentro de una lámpara en la que no corre aire.

 

-Tras un libro como este, ¿qué verdades “siembra” un poeta?

-Creo que la poesía siembra experiencias. Lo más parecido a lo que  algunos llaman “verdad”.

 

-Juan, El enemigo de los thirties, que acaba de salir en Argentina, ha tenido un destino augurioso. Pronto se publicará en Chile, y en Italia, en la lengua del Dante. Algo poco frecuente, debo decir.

-Creo que tanto en Chile como en Italia la poesía tiene un mejor lugar que en nuestro país.

 

-¿En qué medida Buenos Aires Poetry es una extensión de tu credo poético?

-Buenos Aires Poetry comenzó siendo una extensión de mi formación y de mis lecturas. Creo que eso hoy día encuentra un lugar en las expresiones artísticas de Camila Evia y de poetas como Mariano Rolando Andrade, Víctor Rodríguez Núñez, Antonio Lastra, Adalber Salas Hernández o Víctor Manuel Pinto, todos poetas y críticos y que hoy forman parte del comité editorial.

 

-Sos un poeta muy inquieto, inclusive, desde tiempos de tu mítica revista literaria Megafón. ¿Estás escribiendo un nuevo libro?; ¿preparando una nueva colección de poesía?

-Terminé de escribir un nuevo libro de poemas, hacia fines de febrero de 2017. Se titula “Desalojo de la Naturaleza” y hoy día prepara un trabajo preliminar el poeta Víctor Rodríguez Núñez. Todavía no sé cuándo ni en qué país será publicado.

Escribe Augusto Munaro

Narrador, poeta, traductor, editor, periodista y lector incansable. Publicó Ensoñaciones: Compendio de Enrique de Sousa, El cráneo de Miss Siddal, Recuerdos del soñador evasivo, Cul-de-sac, Todo sea por la excepción, Gesta Cornú, Breve descripción de una |sepultura|, Noche soleada, Camino de las Damas, [Hna. Paula], Agnès & Adrien, 1944, Vida de Santiago Dabove, Islandia, A la hora de la siesta, Arletty, El baile del enlutado, La página infinita, Celuloide y El busto de Chiara.

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